Visión Emprende: ¿Por qué medir la ambición?

Parte 2: IMPERIOS BREVES



“A los imperios no los derriba nadie. Se pudren por dentro; se caen solos”. Rodolfo Walsh.


Por Juan Manuel Niklitschek Torreblanca

Director de www.agenciapaf.cl


Algunos imperios duran siglos, otros duran apenas algunos años. ¿Habrá alguna razón detrás?


A continuación, revisamos tres casos de grandes conquistadores de la humanidad, que queramos o no, dejaron una huella y en un breve período de tiempo, moldearon al mundo como lo conocemos hoy.


Alejandro Magno

El primero de la lista y quizás el más importante, el inspirador de los más grandes y rey de Trébol en el juego de cartas. Alejandro Magno, el genio militar, sienta un precedente en la historia: el concepto de monarquía universal. A sus treinta y dos años de vida, su imperio se extendía desde Grecia hasta el valle del Indo, por el Este y hasta Egipto por el Oeste; hazaña que logra sobre tres continentes y en menos de una década. ¡Suena genial! Pero cuando los ejércitos se mantienen durante mucho tiempo en campaña, se agotan tanto sus fuerzas como sus suministros, pues el proceso de conquista entraña una realidad irrefutable: desangramiento humano y de recursos. En el caso de Alejandro, el agotamiento de sus hombres, desembocó en que ellos mismos terminaran con su ambición, y junto a ello, con su vida.


Napoleón Bonaparte

Inspirado en el gran macedonio y considerado como uno de los mayores genios militares de la historia, Napoleón Bonaparte entra en escena en 1793 (sí, contemporáneo de O’Higgins, Carrera, Rodríguez y San Martín) con las “guerras revolucionarias”, comenzando así su ascenso. A los 35 años se convierte en emperador de los franceses y en poco más de una década, logra dominar casi toda Europa Occidental y Central. El mundo nunca había tenido un conflicto armado de tal envergadura. Así, con el terror sembrado en toda Eurasia, debilitado tras el fracaso en su intento de conquistar al “General Invierno” ruso y con un reducido ejército, Bonaparte se encuentra rodeado por Rusia, España, Reino Unido, Portugal, Austria y Suecia, siendo definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo, producto de una ambición descontrolada, esa misma que lo llevó a traicionar a sus aliados. Él mismo diría: “la ambición jamás se detiene, ni si quiera en la cima de la grandeza”.


Adolf Hitler

Después de “La Primera Guerra Mundial” reina el caos en Alemania y es en medio de esa crisis que emerge la figura de quien se convertiría en el líder del Tercer Reich. Hitler, más que un gran conquistador, es el criminal de guerra más grande de todos los tiempos.


Sin embargo, en tan solo tres años (1939 - 1942) prácticamente dominó todo el continente europeo e iría por más. Aunque esos excesos harían que finalmente terminara rodeado por tres superpotencias (Estados Unidos, Inglaterra y Rusia) para terminar derrotado.


Hitler, pasó de realizar un plan para la reconstrucción de su país y unificar el imperio alemán, a planificar su nublada obsesión por un poder aún mayor en el mundo. Cual antiguo pueblo guerrero, veía en la conquista la solución de los problemas económicos de Alemania, pero la conquista externa necesita tiempo y desarrollo para una conquista interna... de procesos y reestructura.


Sobretodo los grandes cambios, se realizan de a poco, pues la resistencia de esos cambios es un componente inherente al ser humano.


Morir de Éxito

Morir de éxito es lo que menos podría desear un emprendedor con ambición, la que es sin duda legítima y necesaria para convertirse en empresario. Por ello, es importante el crecimiento acompañado de una reestructuración interna, que permita que las expansiones sean sustentables a través del tiempo, tal como lo hacía el gran Walter Elias Disney.


Justamente, lo que sucede cuando un grupo de guerreros sitia permanentemente un castillo, es que dan la espalda al resto del mundo y eso podría significar la ruina.

Hay que saber poner límite a la ambición, pues de manera desmedida, siempre termina en la pérdida de algo.

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